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Arquitectura y urbanismo

Un gran arquitecto no es necesariamente un buen urbanista aunque destaque en las dos disciplinas.
Hay que tener claro que la arquitectura y el urbanismo son dos disciplinas apreciablemente diferentes. No es lo mismo proyectar una de las múltiples piezas que forman la ciudad que pensar en la organización de la ciudad entera. En efecto, la primera enfoca el hecho urbano desde la visión parcial de las unidades arquitectónicas que, por millares, constituyen las grandes ciudades, una consideración que a veces no tiene en cuenta su relación con el contexto urbano. Ahora bien, la arquitectura es una de las cinco bellas artes junto con la pintura, la escultura, la música y la literatura. Está compuesta de edificios (el material físico de la construcción) y personas (en el espacio interior). Sus límites son las fachadas.

El buen urbanismo, en cambio, adopta una visión global de la ciudad, en la que los componentes son el conjunto de los edificios construidos, los espacios exteriores y, a la vez y muy importante, la relación entre unos y otros. Ahora el papel está repartido entre los volúmenes, la urbanización y la sociología referida a las personas en el espacio público. Fijémonos en la urbanización, que puede jugar un importante papel en la mejora de la ciudad. Tenemos el ejemplo reciente de la reforma de la Diagonal, que solo modificando la relación calzada / acera ha mejorado ostensiblemente el valor urbano del tramo entre el paseo de Gràcia y la plaza de Francesc Macià.

Llegados a este punto, se puede señalar que un excelente arquitecto no es necesariamente un buen urbanista, pero eso no priva que pueda destacar en ambas disciplinas. La condición es que compatibilice las dos visiones, es decir, que incluya el doble enfoque parcial / global. No siempre es así, pero está muy extendida entre los políticos, los medios audiovisuales y la ciudadanía la idea de dar por cierto que un buen profesional en arquitectura es, automáticamente, un buen urbanista.

EJEMPLOS CONCRETOS
Dicho esto, hay que reconocer que, en ciertas ocasiones, una determinada arquitectura puede ser una valiosa pieza urbanística. Pondré dos ejemplos, ambos barceloneses. El edificio de La Pedrera es una espléndida realización que deviene un icono ciudadano y, no obstante, está perfectamente imbricado en el tejido urbano que impone el Eixample. Se ha erigido en un hito arquitectónico que ennoblece a la ciudad. Otro caso bien diferente es la Torre Agbar.

Ahora está desligada del tejido urbano porque se levanta de manera independiente con un volumen propio y original y una imagen muy acertada. Además, goza de una situación estratégica que le añade valor. Hay, pues, situaciones y arquitecturas en las cuales se puede prescindir de la estructura urbana y otras que, ateniéndose a les alineaciones municipales, adquieren valor urbano mediante su gran calidad arquitectónica. Normalmente se hace mejor ciudad con calles compactas, pero en este caso el volumen aislado de la torre ayuda a resaltar su imagen. En resumen, ha adquirido valor urbanístico. Las excepciones a la conveniente compacidad del tejido urbano confirman la regla general de diseñar los vacíos (calles y plazas) en detrimento de priorizar los volúmenes aislados. Y es que nunca se pueden enunciar reglas generalizadoras.

VACÍO URBANO
Al lado de esto, se producen intervenciones en lugares de relevancia urbanística pero que se han resuelto con criterios de carácter nada urbano. Un caso extremo está situado en Madrid en el tramo final de la Castellana, donde antes había la ciudad deportiva del Real Madrid. Son cuatro torres aisladas de oficinas de más de 40 plantas con el único uso terciario. Prevalece la pura exhibición de obras hechas por profesionales que quieren mostrar su arquitectura pero que aportan muy poco al urbanismo. Muestran una imagen espectacular pero crean un gran vacío urbano las tardes/noches y los fines de semana. Un caso menos llamativo es el de la plaza de Europa en L'Hospitalet. Ciertos lucimientos arquitectónicos van en contra de la calidad urbana y son una prueba de que, a veces, se hace evidente la diferencia entre arquitectura y urbanismo.

Por lo tanto, la arquitectura puede jugar un papel relevante en la ciudad, pero siempre teniendo en cuenta que está inmersa en un sistema global que es el urbano. Por ejemplo, lo que se conoce como Movimiento Moderno (surgido en las primeras décadas del siglo XX) hizo una labor positiva replanteando la arquitectura anterior, que había caído en decadencia, pero en cambio hizo un flaco favor al urbanismo al adoptar unas posiciones de modernidad banal. Tenemos el caso elocuente de Le Corbusier, que destacó en un campo y no precisamente en el otro.

Y es que, en el contexto urbano, no se debe enfocar la arquitectura al margen de la ciudad, es decir, ignorándola.

Fuente: elperiodico.com